¡Aguanta democracia, “sé fuerte”!

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Comienzo a escribir pensando en cómo pedir a la gente que participe en el acto supremo de la democracia… ¿Votar? !!!Uff!!!
Votar es más fácil que echar un trago de cerveza, cuesta menos que comerse un caracol, que restregar tomate una rebanada de pan. Votar, de hecho, tendría que ser un acto cotidiano para todo lo importante, en la ciudad y más allá. Pero no votar más que de Pascuas a Ramos nos ha llevado a donde estamos hoy, una forma de imperio de la mediocridad donde el abuso, la corrupción y otras plagas, se han institucionalizado y campan a voluntad por nuestro territorio, seamos o nos sintamos de aquí o de allá. Quedarnos en “solo votar” ha permitido que unos pocos hayan dilapidado nuestro presente y el futuro de nuestros hijos. Son pocos los individuos que hacen y deshacen. Son numerosos los políticos que obedecen y los cómplices necesarios. Y, eso sí, ha sido clamoroso el silencio de muchos durante demasiado tiempo, quizás por cobardía o quién sabe si por egoísmo. Otros han sido directamente delincuentes desde la esfera pública y hasta cosas peores. Adictos al poder, al privilegio, al sillón, al contrato. A la gris y mediocre comodidad, a un orden y a su compostura hipócrita. Adictos a los viejos “valores” de aprovecharse del otro. Aunque al otro lo estén desahuciado, o muera en alta mar huyendo de la guerra, o en la lista de espera de una sanidad cada vez menos pública. Hablo de vencedores y de su tropa.
La joven y agonizante democracia que tenemos nos está pidiendo ayuda, se está muriendo. Desfigurada y famélica clama en un grito desesperado para ser rescatada de aquellos que la ahogan. La democracia quiere ser libre, para conocer nuevos horizontes, crecer y hacerse mayor y sabia, conviviendo entre todas las personas.
Y ahora se nos reclama volver a votar para ponernos de acuerdo. Para hacer que las normas ineficaces, injusta e interesadas que nos rigen cambien radicalmente, para hacer unas reglas del juego nuevas. Por eso son necesarias mayorías amplias, y por eso estamos llamados a estar de acuerdo, aunque sea momentáneamente. Estamos llamados todos aquellos que creemos firmemente en la necesidad de un cambio, no de un recambio. De hacer tabla rasa. De limpiar a fondo para cambiar las reglas del juego. Y dotarnos de unas normas que nos permitan votar más, decidiendo todo aquello que consideremos importante, con una administración presente sobretodo en el municipio, cercana a la gente. Y con unos mecanismos que garanticen que la acción política siempre será a favor del ciudadano. ¡Donde hemos llegado para tener que reclamar algo tan obvio!
¡Me declaro un necesitado más de este cambio profundo, también radical y sin complejos!  Me siento desahuciado de los valores con los que me crié, refugiado que huye de la insoportable y patética mediocridad, indignado y rebelde en un mundo en el que manda el ladrón y el honrado pasa hambre. Donde unos tiran y queman lo que otros necesitan. Donde la bondad de la mayoría es pisoteada por la avaricia sin límites de una minoría. Y esto no es hablar de comunismo o capitalismo, ni de anarquía o liberalismo. Esto es hablar de sentido común, de justicia y de paz.
¿Alguien duda de que eso a lo que llamamos “sistema capitalista”, el dogma, el tótem ideológico incuestionable nos ahoga? En lo ético, político, económico, ecológico. O en lo social, seamos de derecha, centro o izquierda, católicos, ateos, budistas o musulmanes. Nos roban, nos estrangulan y encima se ríen de nosotros. Excepto de los que tienen cuentas millonarias en algún paraíso fiscal.
Y hay algunos que se consuelan pensando que están por encima del otro. Hay algunos que ríen con la misma prepotencia que los “privilegiados”, y se convierten en “socios” de ellos y, por lo tanto, salvados. Pobrecillos. ¿Qué les diréis a vuestros hijos y nietos? ¿Qué dirá la historia de vosotros? Que fuisteis fieles ¿A qué? ¿A qué ideales? ¿A qué valores? ¿A qué Patria? Y, ¿A qué precio?
Pujol, Gürtel, Andorra, Ley mordaza, Castor, papeles de Panamá, Pretoria, privatizaciones, comisiones de empresas de armamentos de Aznar (siendo presidente), Blesa, Rato, Eres, PP Valenciano, puerta giratoria, castigos a las energías renovables, luz verde al TTIP, recates bancarios que después ni pagan ni ayudan, y un largo, enorme y aberrante etcétera que, lamentablemente, casi todos conocemos.
¿A qué esperamos para reaccionar y decir BASTA? Y hacerlo desde la conexión entre las personas y para las personas, con una nueva consciencia ciudadananista, que evite que seamos nuevamente víctimas de mediocres y corruptos, Una consciencia que va calando y que hace que vez más personas, lejos de sentirnos frutadas, sepamos que ganaremos, que solo es cuestión de tiempo, de poco tiempo.
Os invito a hacer la mínima expresión de esfuerzo. Transportar unos escasos gramos de papel por una ranura dentro de una caja el próximo día 26. Os invito a enviar un mensaje a la querida democracia que ponga en evidencia el “aguanta Luis” de don Mariano: “aguanta democracia”, ¡sé fuerte que llegamos!
perera
Josep Maria Perera Sambola, miembro del Comú de Lleida

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